Arturo, el taxista

taxi-2014Ayer me subí a un taxi en la Ciudad de México para ir a casa de mis padres. En el primer semáforo en rojo, el conductor sacó un libro que hablaba de la historia de Noé y el arca. La verdad es que me llamó mucho la atención y le pregunté al conductor:
Disculpe, ¿usted es cristiano?
Así es – me respondió el taxista
¡Qué bien! – Me alegré mucho de saber que el conductor era cristiano, pero al mismo tiempo recordé que hay muchas personas que asisten a iglesias cristianas pero que aún no han tenido revelación de la cruz, así que comencé a hablar con él para saber “dónde” se encontraba.

Durante mi conversación supe que el conductor se llamaba Arturo y que asistía a una iglesia… comencé a hablarle sobre la eternidad y cuando le pregunté a dónde iría si muriera esa noche, me sorprendió su respuesta: Sigue leyendo

Justicia viene por creer, no por hacer

Justificados por feMuchas personas con las que hablo en la calle e incluso en la iglesia piensan que tienen que “hacer” algo para que Dios perdone sus pecados. Algunas personas me han dado respuestas como: “Voy a intentar ser mejor, intentaré dejar mi pecado y Dios me va a perdonar”.

No hay nada en nosotros lo suficientemente poderoso para poder quitarnos el pecado por nosotros mismos. Sigue leyendo

O todo o nada

chamberiAyer tuve la oportunidad de hablar con dos hermanos adolescentes, Karen y Daniel. Ellos paseaban a su perro cuando mis amigos y yo los vimos. Entonces me acerqué a hablar con ellos y a hacerles preguntas acerca de su eternidad.

Para mi sorpresa, ambos sabían que la consecuencia de su pecado era el infierno y podía ver convicción de pecado sobre ellos. Entonces comencé a hablarles de la cruz y lo que Cristo hizo por nosotros.

“Yo también he quebrantado todos los mandamientos y merezco el infierno, igual que vosotros” – les dije. “…pero también se que Dios quiere salvarnos y que no quiere que nadie vaya al infierno, por eso vino Cristo a morir por nosotros”.

Después de explicarles acerca del arrepentimiento de pecados y de poner toda nuestra fe y confianza en Jesús,  Karen me dijo que quería darle su vida a Cristo. Aunque al principio le daba vergüenza orar en la calle, comenzó a pedirle a Jesús que la perdonara.

Después de la oración de Karen, le pregunté a su hermano Daniel si él también quería darle su vida a Cristo y me respondió: “Supongo que sí”.

Algo en mi corazón se sacudió por su respuesta y le dije: “Con Cristo no suponemos.. o le damos nuestras vidas por completo o  decidimos no dársela, pero no suponemos.. no hay medias tintas con Jesús. “

Es muy importante explicarles a las personas la importancia de que a Jesús no le entregamos parte de nosotros sino a nosotros mismos.  Cada persona debe contar el costo y valorar si quiere darlo todo. Jesús es el Rey de Reyes.. y Él es digno de que todo nuestro ser sea suyo.

Después de explicarle a Daniel que con Jesús no “suponemos”, le volví a preguntar: ¿Quieres darle toda tu vida a Cristo? Y Daniel me dijo que sí, entonces Daniel comenzó a orar en la calle pidiéndole a Jesús perdón y misericordia, fue algo verdaderamente bonito y especial.

¿Cómo puede Dios multiplicar los panes?

ImageHace unos días, mi amiga Cristina me contó un testimonio de algo que le ocurrió el día que fue a repartir bocadillos en la calle. Realmente me impresionó ver un aspecto más del carácter de Dios, que nunca deja de sorprendernos con su poder y gracia. Le pedí que escribiera la historia para poder compartírosla.. así que aquí la tenéis, disfrutad:

“Cada quince días salgo con un grupo de mi iglesia local a repartir bocadillos y pasar tiempo con la gente que está viviendo en la calle. Estando a punto de salir por la puerta de mi casa, me quedé mirando el reloj… Aún me quedaba tiempo para hacer un par de bocatas, así que salí a comprar lo que necesitaba.

Cuando regrese a casa, mientras preparaba los cuatro bocadillos… me quedé mirándolos y con la mirada fija ahí, me vino un pensamiento: ¿Cómo haría Jesús para multiplicar los bocadillos? Jesús, ¿cómo lo hiciste cuando multiplicaste los panes y los peces?

Sigue leyendo

Conversando con un marroquí

CristoDurante los años que he vivido en Madrid he podido hablar con algunos musulmanes pero nunca había tenido una conversación como la que tuve hoy con Abel, un chico marroquí de 20 años.

Abel nos ha escuchado predicar en la calle algunas veces y hoy, mientras iba a su trabajo, se detuvo a escucharnos predicar. Fue entonces cuando comencé a hablar con él.

La conversación que tuve con él es un poco larga y he querido transcribirla con el mayor detalle posible, así que te tomará algunos minutos leerlo, pero te animo a que llegues hasta el final de la conversación. ¡Es muy alentador!

Después de presentarme y preguntarle su nombre, le hice la siguiente pregunta:

Abel, ¿tú crees que si murieses hoy irías al cielo?
Sí, iré al cielo. – respondió Abel
¿Cómo estás tan seguro de qué entrarás al cielo?
Porque conozco a Dios. Todos iremos al cielo y luego seremos juzgados.

Nunca había escuchado el concepto de que seremos juzgados después de ir al cielo, pero ya que me había hablado del juicio, le dije:

– Tienes razón, todos seremos juzgados, pero el juicio es para saber si iremos al cielo o no. ¿Conoces las leyes por las cuales seremos juzgados en el juicio?– Sí, las conozco.

Le hablé acerca de dos mandamientos y me dijo que sería culpable por haberlos roto. Su cara cambió, había convicción de pecado sobre él.

– Abel, ¿a dónde irán los culpables en el día del juicio?
– Al infierno. – respondió sin dudar.
– ¿Te preocupa? – le pregunté.
– Sí, me preocupa. – respondió con timidez.
– ¿Qué pensarías de alguien que quisiera recibir tu castigo para que no vayas al infierno?
– ¿Quién podría hacerlo?

La pregunta de Abel me conmovió, sabía que algo en su corazón estaba siendo tocado. Le respondí:

– Abel, yo no podría pagar por ti. Yo soy culpable igual que tú. Tendría que ser alguien que nunca hubiera pecado, ni una sola vez, en toda su vida, alguien perfecto dispuesto a recibir tu castigo.– ¿Quién es? – Me preguntó nervioso, deseando escuchar el nombre de la persona que podría tomar su lugar.
– ¿Estás seguro que no sabes de quién hablo? – le pregunté
¿Jesucristo? – me respondió

El hecho de que supiera que estaba hablando de Cristo me dio mucho gozo.  Comencé a explicarle lo que Cristo hizo por él cuando murió en la cruz y cuando resucitó. Le hablé del arrepentimiento de pecados y de poner toda su confianza en Cristo.. y cómo Cristo era el único que podía salvarlo. Entonces me hizo la siguiente pregunta:

– ¿Por qué hay que pedírselo a Cristo y no a Dios?

Me quedé en blanco por un momento, no me esperaba su pregunta, pero tenía todo el derecho a preguntarse por qué le pedimos perdón a Cristo y no a Dios, ya nadie le había dicho que Cristo es Dios, entonces le dije:

– Cristo es Dios. Cristo es la imagen visible de Dios. Dios se hizo hombre para poder ocupar tu lugar. Dios pagó por tus pecados en la cruz. Como tú sabes, Abel, sangre es necesaria para  perdonar pecados, pero en la tierra no había nadie que tuviera sangre inocente que pudiera perdonar el pecado de los hombres.. por eso Dios vino a la tierra para dar su propia sangre por nosotros.

Abel estaba sorprendido. Me preguntó por qué estaba en la calle hablando de Cristo con las personas. Le conté mi testimonio y cómo Cristo es el único que pudo cambiar mi corazón de verdad y arrancar de raíz mi pecado. Entonces le pregunté:

– Abel, ¿quieres conocer a Cristo?

Después de pensarlo un par de segundos, me dijo: Sí, quiero conocerlo.

Abel, ¿me dejarías hacer una oración ahora y pedirle a Cristo que se revele a tu vida?
– Sí

Oré por él y algo en su espíritu fue tocado. Al terminar de orar me dio las gracias y se despidió para ir a su trabajo.

Esta conversación me impactó mucho y os pido que oréis por Abel. Creo que Dios quiere revelarse a él mucho más de lo que nosotros queremos, así que oremos que los ojos de Abel sean abiertos y pueda ver la luz y gloria del Rey Jesús. También aprovecha este tiempo para orar por la comunidad musulmana que vive en tu ciudad, intercede por ellos, pídele a Dios que traiga revelación de Cristo sobre ellos y que se rompa todo poder del Islam sobre sus vidas, en el nombre de Jesús.

Cuatro hombres bajo la lluvia

ImagenEsta tarde estaba en casa mientras veía la lluvia por la ventana. Pensaba en lo cómodo que me encontraba y daba gracias a Dios por tener un techo y un lugar caliente donde pasar la tarde. Sin embargo, algo en mi corazón me decía que debía salir a la calle y compartir el mensaje de la cruz.

Le pregunté a Brittney si le apetecía salir a orar por personas en la calle y aunque ni ella ni yo parecíamos muy entusiasmados con la idea de salir bajo la lluvia, sabíamos que Dios no nos ha llamado a la comodidad sino a obedecerle, así que nos pusimos a orar y le preguntamos al Espíritu Santo que nos mostrara qué quería hacer.

Mis hombros comenzaron a sentir dolor y ese dolor bajó hasta mi brazo derecho. Sabía que el Espíritu Santo nos estaba mostrando que debíamos orar por alguien que tenía problemas en sus hombros y en su brazo derecho. Lo escribí en una libreta y fuimos a una plaza que está a unas calles de nuestra casa, ya que sentíamos que ese era el lugar.

Cuando llegamos casi no había personas. Bajo la lluvia la calle estaba practicamente vacía, pero vimos un grupo de cuatro hombres bajo el techo de un edificio. Nos acercamos a ellos y les preguntamos:

Disculpen, de casualidad ninguno de vosotros tenéis dolor físico en vuestros cuerpos?

Uno de los hombres me miró fijamente, sorprendido, y dijo:
– Sí, yo.
– ¿Qué es lo que te duele? – le pregunté
– El brazo – respondió
– De casualidad es el brazo derecho?
– Sí, el brazo derecho, y los hombros. Tuve un accidente hace dos meses y desde entonces no puedo levantar el brazo derecho.
No te lo vas a creer, pero hace un momento estabamos en nuestra casa y sentimos que debíamos venir aquí, y Dios nos mostró que debíamos orar por alguien con problema en los hombros y en el brazo derecho, y lo anotamos en esta libreta, mira lo que dice aquí – y le mostré la libreta donde había escrito su problema.
¡Soy yo! – respondió el hombre entusiasmado mientras sus amigos estaban boquiabiertos.

Oramos por él y el dolor le bajó aunque solo poco. Le pregunté si él creía en Dios y me dijo que sí, que asistía a una iglesia pero que tenía problemas con el alcohol. Comenzamos a hablar con otro de sus amigos y nos dimos cuenta de que, aunque asistían a una iglesia cristiana, vivían en pecado y aún no habían escuchado el mensaje de la cruz, así que decidí compartirle a los cuatro el mensaje de la cruz mientras llovía. Les hablé del terrible problema de nuestro pecado y de la eternidad en el infierno. Uno de sus amigos dijo que le preocupaba ir al infierno pero que no estaba seguro de poder dar ese paso de entregar todo a Cristo, me dijo que no se sentía “capacitado”.

Le explique que nunca nadie está capacitado para entregar todo a Cristo, que nosotros no somos capaces de arreglar nuestro corazón ni de quitar el pecado de nuestra vida, pero que a través de la fe en Jesús podemos reconciliarnos con Dios.

Les expliqué como Cristo perdona nuestros pecados y cómo por sus llagas fuimos sanados. También le pregunté al hombre del brazo derecho si me dejaba volver a orar por él. Me dijo que sí. Oramos más o menos cuatro veces y el dolor fue descendiendo más y más y podía levantar el brazo más y más. Estabamos llenos de gozo.

Los hombres con los que hablamos asisten a su iglesia local tres veces a la semana, pero aún no habían escuchado el mensaje de arrepentimiento de pecados y fe en Jesús. Fueron cautivados por el amor de Dios al ver cómo nos había enviado a ellos una tarde lluviosa de invierno. Y Brittney y yo estamos completamente sorprendidos de la bondad de Dios y de cómo Él nos usa cuando decidimos morir a nuestra comodidad.

¿Qué pasaría si cada cristiano saliera una sola tarde a la semana por las calles de su barrio y compartiera el mensaje de la cruz? Quizá la eternidad de miles de personas cambiaría.

 

No es nada nuevo

Captura de pantalla 2013-12-21 a la(s) 17.01.14Esta semana fui a la Puerta del Sol para participar con mis amigos de Ontheredbox. Cuando mi amigo terminó de predicar, yo me acerqué hacia un hombre que había estado escuchando el mensaje.

Buenas noches, ¿quiere un evangelio gratis? – dije yo.
No quiero saber nada de vosotros – Fue una respuesta directa, pero no quise darme por vencido, así que seguí:
¿Ha estado escuchando el mensaje de mi amigo, verdad? ¿Qué le ha parecido?
No es nada nuevo, y como te dije, no quiero hablar contigo, adiós.

La respuesta de este hombre me dolió, no podía evitar sentirme rechazado. Fue como si clavaran un cuchillo en mi pecho, y sus palabras continuaron dando vuelta en mi mente: No es nada nuevo.

Y tiene razón. El mensaje que predicamos no es nada nuevo, es el mismo mensaje que se ha predicado desde el principio de los tiempos, el mensaje de que no hay ni uno solo bueno y que lo único que podemos hacer para quitar el pecado de nuestra vida es poner nuestra fe en Cristo, aquel que perdona nuestra maldad si nos arrepentimos de corazón.

El mensaje que predicamos no se trata de nuevas filosofías ni de conocimientos complejos ni modernos. Se trata de lo más sencillo y a la vez lo más difícil: morir a nosotros mismos para que el Hijo de Dios nazca en nuestros corazones. Espero que estas navidades podáis disfrutar del regalo más importante y que celebréis a Cristo, que lo levantéis en alto y que sigáis proclamando Su nombre aunque a veces os rechacen.

De camino al trabajo

ImagenHace unos días recibí un correo electrónico de una amiga periodista que ha trabajado para importantes periódicos y ahora es asesora de comunicación de una institución de bastante prestigio en España. Quiero transcribir su correo electrónico porque refleja muy bien lo que significa predicar la cruz en cualquier situación y en nuestro día a día:

Esta mañana fui a la parada de autobus para buscar a una chica estudiante y llevarla a Madrid, para poder usar el carril VAO y llegar a Madrid más rápido.  Comenzamos a hablar. Le dije que la razón por la que iba a Madrid en coche es porque me robaron el abono de transporte.  Ella me dijo que la razón por la que ya no tenía coche es porque había tenido un accidente de coche hacía pocos meses.  Me dio algunos detalles de su accidente y entonces le pregunte: “Supongo que pensaste sobre la eternidad en esos momentos, ¿no?”.  “Sí, mucho”, me respondió. Le pregunté si sabía dónde pasaría la eternidad. Le hablé acerca de que cuando muramos estaremos cara a cara frente a Dios y que la única manera de entrar al cielo era a través del arrepentimiento de pecados y poniendo nuestra fe en Cristo y lo que Él hizo por nosotros en la cruz.  Ella me dijo: “Sí, err.. fui a un colegio del Opus Dei..”  Entonces yo le respondí: “Muchas veces en el colegio o en la iglesia nos explican que para entrar en el cielo basta con hacer buenas obras, pero la Biblia no dice eso … ” y le expliqué como entregar nuestra vida a Cristo en arrepentimiento y fe es lo único que nos salva.

– “Pero … si hacemos buenas obras, eso nos da más papeletas para entrar en el cielo, ¿no?”.
– “Errr. No!!”

El correo electrónico de mi amiga describe muy bien la situación más típica de España, dónde la mayoría de personas piensan que entrarán al cielo porque son buenas.. y ella le explicó que solo Cristo es quien nos perdona los pecados cuando nos arrepentimos de corazón y ponemos nuestra fe en Él. Pero lo que realmente me sorprendió es que podamos predicar la cruz en las situaciones más comunes de nuestro día a día, en su caso, mientras iba a su trabajo.

“Id y predicad el evangelio” se trata de nuestro día a día,  de los momentos más normales y cotidianos y no esperar a estudiar cuatro años de teología antes de poder compartir nuestra fe. En los evangelios veíamos como personas compartían su fe minutos después de tener un encuentro con Cristo (la mujer samaritana).

Os animo a utilizar los momentos más normales para predicar la cruz a otra persona. Entonces nuestras calles y plazas se llenarán de voces que claman, a tiempo, y fuera de tiempo.

Os estáis riendo porque sabíais que iba a ser sanado, verdad?

Imagen

Después de tres semanas fuera de Madrid, hoy por fin pude ir a la reunión de Ignition (el grupo de jóvenes de Amistad Cristiana). A diferencia de otras reuniones hoy convocamos una reunión de oración 45 minutos antes de que comenzara nuestra reunión para orar e interceder por lo que Dios quería hacer esta tarde. Estuvimos orando por varias cosas pero el Espíritu Santo puso muy fuerte orar por personas no creyentes que vinieran a nuestra reunión. También le dimos gracias a Dios por los milagros que veríamos esta noche.

Comenzamos nuestra reunión a las 19:45h y la presencia del Espíritu Santo era muy palpable.  Nos habíamos reunido 52 universitarios de Madrid para alabar y estudiar juntos la Biblia y después salir a recorrer las calles de nuestro barrio. Antes de salir a la calle le preguntamos al Espíritu Santo que nos mostrara que quería hacer y esta fue algunas de las cosas que nos mostro: rodilla izquierda, azúcar, sal, barra de pan, edificio naranja con puerta negra y agencia de viajes.

Nos dividimos en equipos de 4 personas y comenzamos a recorrer nuestro barrio. Yo me dirigí con mi equipo hacia la agencia de viajes que conocía y mientras caminábamos intentábamos hablar con las personas que estaban caminando. Nos rechazaron mas o menos 8 personas.. Una mujer con la que hablamos nos dijo que tenía mucho dolor de espalda pero no quiso que oráramos por ella.. me sentía algo frustrado pero tenía la esperanza de ver la bondad de Dios. Seguimos caminando un poco más y uno de los chicos de mi equipo me dijo: Mira, ahí está el edificio naranja con la puerta negra. No me lo podía creer, era el único edificio de ese color que había visto en el barrio.. nos acercamos hasta ahí y comenzamos a hablar con las personas que caminaban frente al portal.  Entonces vi una cafetería que se llamaba “Dulce y Salado” y recordé que alguien en el grupo dijo que había visto “azúcar y sal”. Mi corazón comenzó a palpitar.. fui corriendo hasta la cafetería y en la ventana había una barra de pan. Sabía que Dios había preparado este encuentro.  Dentro de la cafetería estaba el dueño con un amigo suyo. Le dije que eramos cristianos y que salíamos todos los martes a orar por enfermos, le pregunté que si no le dolían las piernas. Me miró con asombro, me dijo: Sí, me duelen las piernas, específicamente la rodilla izquierda. Yo me sorprendí porque alguien en el grupo había tenido dolor en la rodilla izquierda. Y entonces le pregunté: Cuánto te duele del 1 al 10? Me respondió: Un 8. Entonces le dije: Cristo ordenó a sus discípulos sanar enfermos.. y dijo que pusiéramos nuestras manos sobre los enfermos y sanarían. Me dejas poner mi mano sobre ti y orar por ti? Me contestó mientras se acercaba hacia mí: Claro que sí, no le negaría a nadie orar por mí.

Antes de orar por él le pregunté como se llamaba y me dijo Paco, pero yo entendí Marcos.. así que oré: Jesús, gracias por el amor que tienes por Marcos.. oro por su rodilla.. cualquiera que sea la causa de su dolor, ordeno que sea sanada en tu nombre, para que Marcos vea cuán grande amor tienes por él y cuan grande es tu nombre. Entonces le dije: Marcos, haz un movimiento que antes no podías. Me dijo: Me llamo Paco. Le respondí: Paco, perdona, mueve tu rodilla para saber si el dolor se ha ido. Entonces comenzó a reir… su amigo dijo: Esto es de verdad? Y Paco dijo: Sí, me duele bastante menos, un 4. Le dije: Paco, ¿me dejas hacer una oración para darle gracias a Dios y orar otra vez por ti? Me dijo: Claro. Entonces oré una vez más y Paco comenzó a reir y nosotros también. Comenzó a mover la rodilla mientras todos nos reíamos en la cafetería y comenzó a decir: Os estáis riendo porque sabíais que iba a ser sanado verdad? Su amigo estaba flipando.. Paco movía la rodilla sin ningún dolor y nosotros no parábamos de reir de gozo y gratitud. Le explicamos que Cristo no solo había muerto y resucitado para sanar su rodilla sino para reconciliarlo con Dios y sanar su relación con Dios. Le hablamos del pecado y del infierno. Nos dijo que le preocupaba ir al infierno y cuando le preguntamos qué pensaba de alguien inocente que pagara por él, dijo: Sería maravilloso, sería impresionante. Le respondí: Paco, ¿sabes de quién te estoy hablando? Asintió y me dijo: De Jesús. Entonces le hablé del arrepentimiento de pecados y de poner nuestra fe en Cristo. Le dimos nuestros datos de contacto y lo más seguro es que esta semana vaya a visitarlo a su cafetería que está a unos metros de nuestra iglesia. Estaba flotando.. en las nubes de ver el reino de Cristo establecerse en la tierra.

Cuando llegamos a nuestro local para contar los testimonios dos chicos no-creyentes vinieron a nuestro local para saber más, uno de ellos invitado por una chica del grupo y otro que iba caminando frente a nuestro local.. pudimos contarles los testimonios y predicarles el mensaje de la cruz. Además de que otro chico que iba caminando frente a nuestro local entró.. era un jóven venezolano buscando una iglesia.

Estoy sorprendido de todo lo que hace Dios cuando decidimos obedecerle. Servirle me llena de gozo. Vivir para Él es lo mejor que existe. Os animo a vencer el miedo de hablar con las personas, déjate usar por Dios, ora por alguien, háblale a alguien de la esperanza que tenemos en Cristo. Se que las calles de Madrid se llenaran de este mensaje.. veremos la bondad de Dios en esta ciudad.