La generación sin nombre

vocesqueclamanLa fama de Juan el Bautista se había divulgado por toda la región y los judíos querían saber quién era el hombre que estaba sacudiendo la consciencia de las personas con el mensaje de arrepentimiento;  así que enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen.

Lo primero que hizo Juan el Bautista al verles fue decirles que él no era el Cristo que el pueblo estaba esperando. Pero los judíos no se conformaron con esa respuesta porque querían ponerle un título, un cargo, una posición.. entonces le preguntaron: ¿Eres tú Elías? Juan respondió: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y Juan volvió a responder: No. Le dijeron: ¿Pues quien eres?.. ¿Qué dices de ti mismo?  Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto. Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

A los sacerdotes y levitas que habían ido a hablar con Juan no les gustó esa respuesta, y le dijeron que por qué estaba bautizando si él no era el Cristo, ni Elías ni el profeta.

La misión de Juan el Bautista no era tener un título sino preparar el camino para que Jesús fuera levantado y las personas fueran atraídas a Él.  Una voz sin nombre dispuesta a clamar en el lugar de mayor incomodidad: el desierto.

Creo que la generación que Dios está levantando hoy en día es una generación con el mismo corazón que Juan el Bautista, una generación que no se interesa por títulos ni posiciones, sino por ser la voz que clama en sus ciudades, en sus lugares de trabajo, en las calles y plazas.. una generación anónima pero con una voz que no se calla llena del poder del Espíritu Santo.

No podremos ver el reino de Jesús establecido en nuestros países si esperamos a que el evangelista conocido venga a un estadio a predicar..  no se trata de un hombre predicando en un estadio sino de una iglesia que clama en las calles, de cada uno de nosotros siendo voces y luz que alumbra nuestro alrededor.

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Testigos de la luz

Hubo un hombre enviado por Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino un testigo de la luz. – Juan 1:6-8

Uno de los mayores privilegios de la vida cristiana es que podemos ser testigos de la luz. Esa fue la misión de Juan el Bautista. Su mensaje fue tan potente y lleno de poder que muchas personas pensaron que él era el mesías. En ese momento tuvo que decir claramente que él no era el mesías sino un simple mensajero que iba delante de Cristo.

Es muy importante darnos cuenta que nosotros somos testigos de alguien mucho mayor que nosotros. Juan el Bautista no era la luz, sino un testigo de la luz. Para poder ser testigos es necesario conocer bien los hechos que vamos a testificar. No podemos ser testigos de la luz si no conocemos la luz. No podemos mostrar la luz de Cristo a ninguna persona si antes no hemos sido llenos de esa luz. Quiero compartir contigo tres consejos para que puedas ser testigo de la luz:

1) Cuida tus ojos –  La lámpara del cuerpo es el ojo.. si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz.  -Mateo 6:22. La versión de The Message dice que nuestros ojos son las ventanas de nuestro cuerpo. Es por nuestros ojos donde entra luz u oscuridad a nuestras vidas.

2) Lee la BibliaLámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino. – Salmos 119:105. La palabra nos va a dar luz para poder vivir en luz.

3) Sigue a JesúsYo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de verdad – Juan 8:12. Recuerda que lo más importante es ir a la fuente de toda luz: Cristo. Es en su luz donde vemos la luz. Es a través de Él que podemos ser llenos para poder dar a los demás. Sigue sus palabras, su ejemplo, su actitud y su corazón.

Pregunta: ¿Tienes algún otro consejo para poder ser testigos de la luz?

Abrir brecha

Juan el Bautista era hijo de Zacarías, un sacerdote reconocido. Todo el pueblo conocía a su familia y les respetaban. Se podría decir que tenía su futuro asegurado siguiendo los pasos de su padre. Sin mucho esfuerzo se pudo haber hecho un nombre dentro de la misma sinagoga dónde trabajaba su padre y el pueblo le habría escuchado de buena gana. Pero ese no era el llamado de su vida. Dios había llamado a Juan el Bautista para ser una voz que clama en el desierto y prepararle camino. Eso implicaba renunciar a su comodidad y a un futuro “asegurado”; construir dónde nadie había construido antes.

Juan el Bautista estuvo dispuesto a salir de las paredes de la sinagoga y adentrarse en el desierto para comenzar algo completamente nuevo y abrir brecha al Salvador del mundo. Clamar en el desierto definitivamente no era igual de cómodo ni fácil que predicar dentro de la sinagoga, pero era la única forma de cumplir su misión en la tierra.

Renunciar a lo “fácil” no es una tarea que todo el mundo esté dispuesto a hacer. Requiere mucho valor, coraje y sobretodo tener bien claras las prioridades de tu vida. Juan no buscaba asegurarse su futuro sino cumplir el llamado de Dios en su vida. Juan el Bautista invirtió su tiempo en cosas eternas y preparó el camino para el hombre más importante de toda la historia.

Pregunta: ¿Estamos dispuestos a cumplir el llamado de Dios en nuestra vida aunque esto implique renunciar a nuestra comodidad?

Una voz clama

Con este post doy inicio al que será un blog dedicado a todas aquellas voces que están dispuestas a clamar en el desierto. Creo que muchos de nosotros nos hemos preguntado más de una vez cómo se supone que debemos seguir a Cristo en el siglo XXI. Por mucho tiempo hemos sido meros ecos del sonido que Dios quiere levantar en nuestra generación. Ya es el tiempo de que clamemos y nuestra voz resuene con claridad y firmeza. Me preocupa que tengamos miedo a hablar claro en una sociedad donde la verdad y la mentira esta entremezclada. Nos sentimos presionados a tener que “quedar bien” y nos olvidamos de ser voces de justicia. Hacemos actividades sociales, nos matamos por conseguir que la gente de “afuera” visite nuestras iglesias, pero nos olvidamos que no solo se trata de tenerlos delante sino de hablarles claro. En este blog los comentarios son bien recibidos.

Pregunta: ¿Cuántas veces has sido un mero eco y no una voz clara y firme?  ¿Cuál crees que es la diferencia entre ser eco y ser una voz?