Lo que no sabemos

lloraconlosquelloranAyer fue uno de esos grandes martes que me recordaron que evangelismo siempre, siempre, siempre se trata de personas con nombre y apellido. Después de la reunión habitual de Ignition, mientras volvíamos a nuestras casas, decidimos hablar con la gente que nos encontrábamos mientras ibamos al metro para orar por ellos.  Cristo nos pidió ir por todo el mundo y predicar el evangelio, pero ir significa que mientras vamos en camino también prediquemos, en otras palabras, a tiempo y fuera de tiempo, en cualquier lugar y momento, el reino está en nosotros deseando irrumpir en nuestro alrededor.

Me llamó mucho la atención las personas que caminaban, algunas escuchando música, otros hablando por teléfono, otros con mucha prisa.. personas con historias que desconocemos. A cada persona que nos encontrábamos le preguntábamos si podíamos orar por ellos. Algunos nos rechazaron pero hubo 3 personas que especialmente me impactó conocer.

El primero era un jóven más o menos de mi edad, cuando nos presentamos y le dijimos que salíamos a hablar y orar con personas se sorprendió pero nos dijo que sí tenía una petición. Nos pidió si podíamos pedirle a Dios que le diera trabajo ya que llevaba mucho tiempo sin trabajar (lamentablemente una situación normal entre los jóvenes de España en estos momentos). Fue algo interesante porque mientras oraba podía sentir su necesidad, algo que pocas veces me había ocurrido, pero era como si pudiera estar viviendo la misma situación que él.

La segunda persona era una mujer más o menos de 50 años… conocía nuestra iglesia de haberla visto por la calle (es lo mejor de orar por gente del barrio, ya que ven que la iglesia local quiere implicarse en sus vidas) y nos dijo que tenía un hijo con graves problemas internado en uno de los sanatorios mas restringidos de Madrid, donde solo podía visitarlo un familiar directo una vez a la semana. Oramos por su hijo declarando libertad y sanidad. Ella había estado esa mañana con su hijo y su dolor era evidente.

La tercer persona fue un chico de más o menos 20 años, venía escuchando música y lo detuvimos para hacerle la misma pregunta. Cuando le dijimos que queríamos orar por él pareció llenarse de esperanza. Su novia lo había dejado esa semana sin darle ninguna explicación y tenía el corazón roto.  Oré que Dios usara su dolor para revelar a Cristo en su vida, le hablé de cómo Cristo también experimentó dolor mientras estuvo en la tierra y nos conoce a la perfección.

Con estas tres personas entendí que nunca conoces el dolor de la gente hasta que decides hablar con ellos. Si la iglesia local no sale a la calle nunca podremos hacer un cambio genuino. Algo maravilloso ocurre cuando lloras con los que lloran. Si hay enfermos ora por ellos. Si hay gente sufriendo sufre con ellos. Háblales de eternidad y de la gran esperanza que tenemos cuando ponemos nuestra confianza en el Rey Salvador.

Pregunta: ¿Alguna vez has conectado con el dolor de otro? ¿Qué pasaría si cada día oramos por al menos un desconocido?

 

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Cuando la iglesia se une

Este fin de semana estuve con Jacob Bock  y con Maritza en la ciudad de Sevilla. Alrededor de diez iglesias se unieron por primera vez con el objetivo de evangelizar juntas. Esto me hizo pensar en la importancia de la unidad de la iglesia como cuerpo global.

Cuando las iglesias locales se unen por la causa de llevar el mensaje del evangelio, ocurre algo verdaderamente sobrenatural. Durante el tiempo de oración en la calle, el alcalde de Sevilla y el ministro de hacienda “casualmente” estaban en la calle y un grupo pudo acercarse a ellos y orar por ellos. Esto fue algo completamente histórico.

¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía!… Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna. (Salmo 133)

Cuando la iglesia se une, Dios concede bendición y vida eterna. Durante cada “ronda” de evangelismo pudimos orar por gente y hablar con decenas de inconversos.

El evangelismo es aún más emocionante cuando todo el cuerpo de Cristo se une.