Justicia viene por creer, no por hacer

Justificados por feMuchas personas con las que hablo en la calle e incluso en la iglesia piensan que tienen que “hacer” algo para que Dios perdone sus pecados. Algunas personas me han dado respuestas como: “Voy a intentar ser mejor, intentaré dejar mi pecado y Dios me va a perdonar”.

No hay nada en nosotros lo suficientemente poderoso para poder quitarnos el pecado por nosotros mismos. Sigue leyendo

El pecado trae vergüenza, Cristo trae identidad

Adán y Eva experimentaron vergüenza cuando desobedecieron a Dios. Por primera vez, el ser humano cayó de su posición de honor y lo primero que intentó hacer fue ocultarse de los ojos de Dios. La vergüenza es una consecuencia de nuestro pecado, normalmente acompañada de culpa.

¿Cuántas veces has sentido vergüenza cuando has cometido pecado? Es un sentimiento horrible, quieres esconderte debajo de las piedras o desaparecer.  Me recuerda a la mujer que fue sorprendida en adulterio y que trajeron delante de Cristo. Su desnudez al descubierto, su pecado sacado a la luz  y una multitud deseando apedrearla.

Lo más sorprendente es la respuesta de Cristo. En lugar de condenarla según lo establecido por la ley, le devolvió su identidad, restauró su honor y la levantó de la tremenda humillación que había experimentado.

“Ni yo te condeno, vete y no peques más”. Las palabras que cambian la vergüenza de pecado por una vida que experimenta la gracia del Hijo de Dios.

El pecado trae vergüenza pero Cristo nos da identidad. Sigue las palabras de Jesús, no peques más, recibe la gracia que Cristo ofrece a todos aquellos que se arrepienten y levanta bien alto tu cabeza porque cuando Él nos perdona, la vergüenza no debe tener más lugar en nuestra vida.

Pregunta: ¿Por qué crees que la gracia de Cristo quita nuestra vergüenza?