¿Cuánto de Dios es suficiente?

Tener hambre es un signo de buena salud. Cuando una persona no tiene hambre nos preocupamos porque significa que algo no está bien en su cuerpo. Lo mismo ocurre en lo espiritual.

Cristo dijo que los que tienen hambre y sed de justicia son felices, espiritualmente prósperos, afortunados y bendecidos porque serían completamente saciados. (Mateo 5:6, Amplified Bible).

¿Cómo podemos saciarnos si no tenemos  hambre? ¿Cómo podemos comer el pan de vida y beber el agua de vida si no tenemos hambre y sed?

Quizá te encuentras en un punto de tu vida donde sabes que has perdido interés y hambre espiritual. Te animo a que le pidas a Dios que te de hambre. No te conformes con ir a las reuniones semanales de tu iglesia, busca a Dios en el día a día, cuando nadie te ve, búscalo y lo encontrarás.

Impactar nuestra generación requiere tener la humildad de darnos cuenta que nunca tendremos lo suficiente de Dios en nuestra vida. Siempre podremos tener más de Él porque Él es infinito. Si anhelas más de Su presencia verás el fluir de su Espíritu y contagiarás a otros a apasionarse por Dios.

Pregunta: ¿Cómo podemos ver a Dios moverse en nuestra vida si no deseamos más de Él?

Averías en el baño

El último mes mi baño ha sido un auténtico caos. Todo comenzó cuando mis vecinos se quejaron de que había una inundación en su piso y todo indicaba que la causa era mi baño. Los fontaneros vinieron a mi casa y abrieron la pared del cuarto de baño para revisar las tuberías, el resultado fue que la culpa no era mía sino del vecino del quinto piso. Parte de la pared permaneció rota todo este tiempo y he tenido que esperar hasta esta semana para que los fontaneros y albañiles regresaran.

La tubería estaba averiada y era necesario cambiarla por completo. No solo rompieron más pared, también abrieron el techo. Dos días con un olor insoportable, polvo por todos lados y una sensación de tremenda incomodidad. Pero lo cierto es que si se quiere arreglar el problema de una vez por todas, no hay otra forma de hacerlo.

Si queremos soluciones reales tenemos que pasar por todo el proceso por más incomodo y doloroso que sea. No hay remedios rápidos para problemas complejos.  Las chapuzas a la larga no funcionan, tarde o temprano el problema vuelve a surgir. Esto se puede aplicar en cualquier área de nuestra vida. Por más incomodo y doloroso que parezca, merece la pena ir a la raíz del problema.

El pecado es un problema serio. La cruz es una respuesta muy seria al problema del pecado. Jesucristo no hace chapuzas en nuestra vida, él quiere ir a lo más profundo y transformarnos por completo.

Por ejemplo, una mente corrupta no puede pensar en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre… Necesitamos una mente nueva para pensar en esas cosas, necesitamos la mente de Cristo. Una vida entregada al pecado no puede cambiar de un momento a otro a menos que Dios cambie lo más profundo que hay en nosotros. Necesitamos volver a nacer.

Y eso es lo que ocurre cuando confiamos en Cristo y en su sacrificio por nosotros. Se trata de dejar de confiar en que nosotros podemos «solucionar» nuestro problema y poner toda nuestra fe en el único que puede cambiarnos de verdad. Este proceso es incomodo y doloroso, siempre involucra morir a nosotros mismos y renunciar al mundo para ganar a Cristo.

Pregunta: ¿Como evangelistas, cómo podemos dejar de ofrecer soluciones rápidas al problema tan serio del pecado?