4o Viaje “Cómo los Discípulos” – Segovia

10290659_10152354957673618_7549982137309086775_nHa pasado casi un año desde que hicimos el último viaje “Cómo los Discípulos”. Este año tenía en mi corazón volver a hacer un viaje como el que Jesús diseñó para sus 12 y luego para sus 70 discípulos, donde los envió sin dinero, sin comida, sin mochila.. con las instrucciones de anunciar que el reino de Dios se había acercado y sanar a los enfermos que encontraran.

Si pudiera ponerle título a este viaje lo llamaría “El poder de la intercesión”. Fue el primero de los cuatro viajes donde teníamos un equipo de más de 20 intercesores orando por las 10 personas que viajamos. Fue realmente increíble ver cómo la atmósfera espiritual cambia cuando hay un respaldo de oración. Nunca habíamos experimentado tanta apertura en la gente como en este viaje y estamos seguros que fue por el poder de la oración que había detrás.

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De camino al trabajo

ImagenHace unos días recibí un correo electrónico de una amiga periodista que ha trabajado para importantes periódicos y ahora es asesora de comunicación de una institución de bastante prestigio en España. Quiero transcribir su correo electrónico porque refleja muy bien lo que significa predicar la cruz en cualquier situación y en nuestro día a día:

Esta mañana fui a la parada de autobus para buscar a una chica estudiante y llevarla a Madrid, para poder usar el carril VAO y llegar a Madrid más rápido.  Comenzamos a hablar. Le dije que la razón por la que iba a Madrid en coche es porque me robaron el abono de transporte.  Ella me dijo que la razón por la que ya no tenía coche es porque había tenido un accidente de coche hacía pocos meses.  Me dio algunos detalles de su accidente y entonces le pregunte: “Supongo que pensaste sobre la eternidad en esos momentos, ¿no?”.  “Sí, mucho”, me respondió. Le pregunté si sabía dónde pasaría la eternidad. Le hablé acerca de que cuando muramos estaremos cara a cara frente a Dios y que la única manera de entrar al cielo era a través del arrepentimiento de pecados y poniendo nuestra fe en Cristo y lo que Él hizo por nosotros en la cruz.  Ella me dijo: “Sí, err.. fui a un colegio del Opus Dei..”  Entonces yo le respondí: “Muchas veces en el colegio o en la iglesia nos explican que para entrar en el cielo basta con hacer buenas obras, pero la Biblia no dice eso … ” y le expliqué como entregar nuestra vida a Cristo en arrepentimiento y fe es lo único que nos salva.

– “Pero … si hacemos buenas obras, eso nos da más papeletas para entrar en el cielo, ¿no?”.
– “Errr. No!!”

El correo electrónico de mi amiga describe muy bien la situación más típica de España, dónde la mayoría de personas piensan que entrarán al cielo porque son buenas.. y ella le explicó que solo Cristo es quien nos perdona los pecados cuando nos arrepentimos de corazón y ponemos nuestra fe en Él. Pero lo que realmente me sorprendió es que podamos predicar la cruz en las situaciones más comunes de nuestro día a día, en su caso, mientras iba a su trabajo.

“Id y predicad el evangelio” se trata de nuestro día a día,  de los momentos más normales y cotidianos y no esperar a estudiar cuatro años de teología antes de poder compartir nuestra fe. En los evangelios veíamos como personas compartían su fe minutos después de tener un encuentro con Cristo (la mujer samaritana).

Os animo a utilizar los momentos más normales para predicar la cruz a otra persona. Entonces nuestras calles y plazas se llenarán de voces que claman, a tiempo, y fuera de tiempo.

Un día en Alcalá de Henares

ImagenEstaba deseando tener unos minutos para poder escribir algo de lo que vivimos el sábado 9 de noviembre. Veinte amigos decidimos ir a pasar el día a Alcalá de Henares para orar por enfermos y predicar la cruz. La verdad es que no sabía muy bien qué esperar porque había escuchado a muchas personas decir que Alcalá de Henares es una ciudad con un corazón duro, y aunque recibimos mucho rechazo, no recuerdo ningún otro lugar donde pudiéramos hablar con tantas personas. Tuvimos más de 100 conversaciones y vimos el reino de Jesús establecerse en muchísimas personas.

Antes de salir de Madrid estuvimos orando y preguntando al Espíritu Santo que nos mostrara qué quería hacer. Nos mostró varias cosas, entre ellas: el número 13, el nombre María, accidente de moto, miocardio, chico con rastas, apendicitis, muleta, ojo izquierdo, el nombre Andrea, el nombre de Pablo..

ImagenHay tantos testimonios que no sé por donde comenzar y no hay forma posible de escribir todos, pero os contaré algunos que recuerdo con mucho temor santo y mucho gozo. Os animo a tomar unos minutos para leer cada testimonio:

José Manuel // Después de caminar unos veinte minutos y ser rechazados por cuatro personas, conocimos a José Manuel, un hombre de 44 años, estaba sentado en un parque. Cuando lo escuchamos hablar nos dimos cuenta que tenía algún problema ya que no podía pronunciar bien. Le dijimos si tenía alguna enfermedad o problema físico y nos dijo que había tenido un accidente de moto y que había estado 14 años usando heroína, y que el accidente le rompió el cráneo y desde entonces tiene problemas en el cerebro. Le pregunté cómo había sido libre de la heroína y me dijo que fue Dios quien le ayudó a romper esa adicción. Estuvimos hablando como 40 minutos, lo escuchábamos y nos hablaba de su preocupación por el hambre que existe en el mundo y sobretodo en África. Yo quería hablarle del problema del corazón del hombre, así que le pregunté: José Manuel, ¿sabes qué es peor que el hambre?. Su respuesta me encantó: Sí, la sed. Admito que me dieron ganas de reir, pero me contuve y lo escuché. Después le dije: José Manuel, lo peor de este mundo no es el hambre ni la sed, que son terribles, pero aún peor es el corazón lleno de pecado. José Manuel reconoció haber pecado y nos dejó orar por él. También había tenido problemas de corazón (miocardio) y había pasado por una terrible apendicitis en la que casi pierde la vida. José Manuel estaba fascinado de que Dios nos hubiera mostrado esos problemas y sabía que Dios quería hablarle. Hablar con José Manuel me conmovió y me mostró una vez más el corazón de Dios, que no hace distinción de personas y que ama a cada uno de nosotros por igual.

Pablo // Uno de mis amigos se acercó a una mujer para hablarle de eternidad, antes de que pudiera decir algo, ella comenzó a llorar. Él entonces le preguntó si podía orar por ella. Ella comenzó a gritar: por favor ora por Pablo. La mujer estaba muy nerviosa y no paraba de llorar, no quizo seguir hablando con nosotros pero nos sorprendimos que Dios nos hubiera mostrado el nombre de Pablo y ella estaba desesperada porque oraramos por Pablo. Dios conoce cada situación y oramos que Dios tocara su vida y Pablo conociera el amor de Dios revelado en Jesús.

Coma Fe // Ya eran las 17:00h aproximadamente cuando comenzamos a seguir a uno de nuestros amigos que estaba hablando con un filósofo. Como no tenemos horarios, nuestro amigo Joan estuvo conversando con el filósofo mientras cruzaba todo Alcalá de Henares, Imagenpero como no queríamos dejarle solo y no había forma de contactarle después, los 19 comenzamos a seguirle creyendo que Dios nos estaba guiando a otra zona de la ciudad donde quería que trajeramos su reino. Entonces Joan se detuvo a unos metros de una ferretería que tenía el número 13.  Lo que nos llamó la atención fue el nombre de la Ferretería: Coma Fe. Dios nos estaba haciengo un guiño y nosotros respondimos pidiéndo a Dios que nos diera fe para creer que veríamos más de su bondad en Alcalá de Henares. En ese lugar tuvimos al menos unas 15 conversaciones. Fue increíble. Pero Dios quería aún moverse más.

Sergio // Después de nuestro tiempo en ComaFe llegamos a una plaza pequeña. Estuvimos predicando al aire libre y teniendo algunas conversaciones, eran más o menos las 19:00h cuando nuestro amigo David terminó de predicar. Entonces me acerqué con tres amigos a hablar con dos adolescentes que estaba sentados a lo lejos. Le pregunté a uno de ellos qué le había parecido la predicación y me dijo que no había escuchado. Le dije que eramos cristianos y que habíamos venido para hablar con personas del mensaje de la cruz y para orar por enfermos. Nos dijo que él creía en Dios y que sabía que iría al infierno, pero que no le importaba, de hecho dijo algo que me impactó: Quiero ir al infierno. No me parecía normal que un jóven de 17 años tuviera un corazón tan duro, asi que decidí escucharlo para conocer más sobre él. Su otro amigo estaba hablando con uno de nosotros y Ramón, Joan y yo comenzamos a hablar con Sergio (así se llamaba). Nos dijo que desde que tiene 3 años nunca ha recibido cariño, que ha estado en la comisaría y que ha sufrido mucho. Le hablamos de la necesidad de perdonar a aquellos que le han hecho daño, y nos decía constantemente que no podía perdonar. Ramón comenzó a hablarle de su testimonio de cómo Dios le ayudó a perdonar a su padre.  Sergio comenzó a escucharnos más atentamente porque se identificó con Ramón. Eso me hizo recordar el poder que tiene nuestro testimonio y cómo cuando declaramos lo que Dios ha hecho en nuestra vida se rompen muchas cadenas. Hacía mucho frío y Sergio temblaba del frío, así que Joan se quitó su chaqueta y se la puso a Sergio, quien se sorprendió del amor que le mostraba nuestro amigo.  Sergio seguía diciendo que no podía perdonar. Entonces le dije: Sergio, yo sé que no puedes perdonar, pero te gustaría poder perdonar? Me dijo: Sí, pero algo me impide hacerlo, algo dentro de mi no me deja. Le dije: Sergio, por qué no le pides a Dios que te ayude a perdonar? Me dijo: Eso sí puedo hacer. Y comenzó a orar: Dios, ayúdame a perdonar, porque yo no puedo, ayúdame tú. Le dijimos si nos dejaba orar por él y nos dijo que sí. Comenzamos a interceder por él y mientras orábamos por él Ramón tuvo una palabra de ciencia que nos sacudió a todos: Sergio, por las noches tienes pesadillas donde vienen demonios y sientes cómo te arrancan la piel, sientes su presencia encima de ti y sientes el dolor físico que te causan. Cuando escuché eso me quedé boquiabierto, pero aún más cuando Sergio puso una cara de asombro y dijo que eso era lo que estaba pasando. Sergio se quebrantó. Comenzamos a orar por él, le explicamos cómo Cristo quería darle libertad y le dijimos que Cristo está por encima de todo poder oscuro, que nadie puede vencer a Cristo. Sergio estaba casi llorando y lleno de temor a Dios. Ramón le dijo: Lo que sufres cada noche no se compara al dolor del sufrimiento del infierno. Entonces Sergio dijo: Ahora sí me preocupa ir al infierno. Le hablamos de cómo podía recibir perdón de pecados y Sergio comenzó a pedirle a Cristo que lo perdonara. Estuvimos explicándole a Sergio más acerca de lo que significa ser discípulo de Jesús y nos acompañó a predicar a otra plaza. Queremos verle la próxima semana para darle una biblia. Su situación es muy complicada aún por el tema familiar en el que vive, pero sabemos que Dios ha iniciado su obra en la vida de este jóven y que Cristo es capaz de restaurar cualquier situación.

Me impactó mucho cómo Dios nos guió a este jóven que estaba literalmente sufriendo de ataques de demonios. La cara de Sergio era otra después de entregar su vida a Cristo, nos dijo que no había experimentado gozo desde hacía años, que sentía que un peso se le había quitado del corazón y se sentía libre. Por favor ayúdanos a orar por él, queremos visitarle el próximo fin de semana para estudiar con él la biblia.

Hay muchas historias más, en otro lugar donde había una tienda que tenía el número 13 nos detuvimos, oramos por tres personas que pasaban, las tres personas tenían dolor físico y Dios las sanó. Yo tenía la sensación que Dios nos había mostrado un lugar donde había ángeles y una libertad en el espíritu muy especial. Aún sigo impactado por lo que Dios nos está enseñando. El amor de Cristo sobrepasa todo lo que podamos conocer.. su misericordia, paciencia, poder, autoridad.. Cristo es el Rey más increíble que jamás podamos conocer.. Él es todo lo que necesitamos para vivir una vida en completa libertad, nadie fuera de Él puede traer restauración como lo hace nuestro Rey.

Te animo a que vivas para traer su reino y su justicia. Vive para exaltar a Jesús en cada situación, no te avergüences de tu Rey y anima a tus amigos a salir a las calles para orar por enfermos y predicar la cruz, te asombrarás de lo que Dios hace cuando obedecemos su palabra.

Os estáis riendo porque sabíais que iba a ser sanado, verdad?

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Después de tres semanas fuera de Madrid, hoy por fin pude ir a la reunión de Ignition (el grupo de jóvenes de Amistad Cristiana). A diferencia de otras reuniones hoy convocamos una reunión de oración 45 minutos antes de que comenzara nuestra reunión para orar e interceder por lo que Dios quería hacer esta tarde. Estuvimos orando por varias cosas pero el Espíritu Santo puso muy fuerte orar por personas no creyentes que vinieran a nuestra reunión. También le dimos gracias a Dios por los milagros que veríamos esta noche.

Comenzamos nuestra reunión a las 19:45h y la presencia del Espíritu Santo era muy palpable.  Nos habíamos reunido 52 universitarios de Madrid para alabar y estudiar juntos la Biblia y después salir a recorrer las calles de nuestro barrio. Antes de salir a la calle le preguntamos al Espíritu Santo que nos mostrara que quería hacer y esta fue algunas de las cosas que nos mostro: rodilla izquierda, azúcar, sal, barra de pan, edificio naranja con puerta negra y agencia de viajes.

Nos dividimos en equipos de 4 personas y comenzamos a recorrer nuestro barrio. Yo me dirigí con mi equipo hacia la agencia de viajes que conocía y mientras caminábamos intentábamos hablar con las personas que estaban caminando. Nos rechazaron mas o menos 8 personas.. Una mujer con la que hablamos nos dijo que tenía mucho dolor de espalda pero no quiso que oráramos por ella.. me sentía algo frustrado pero tenía la esperanza de ver la bondad de Dios. Seguimos caminando un poco más y uno de los chicos de mi equipo me dijo: Mira, ahí está el edificio naranja con la puerta negra. No me lo podía creer, era el único edificio de ese color que había visto en el barrio.. nos acercamos hasta ahí y comenzamos a hablar con las personas que caminaban frente al portal.  Entonces vi una cafetería que se llamaba “Dulce y Salado” y recordé que alguien en el grupo dijo que había visto “azúcar y sal”. Mi corazón comenzó a palpitar.. fui corriendo hasta la cafetería y en la ventana había una barra de pan. Sabía que Dios había preparado este encuentro.  Dentro de la cafetería estaba el dueño con un amigo suyo. Le dije que eramos cristianos y que salíamos todos los martes a orar por enfermos, le pregunté que si no le dolían las piernas. Me miró con asombro, me dijo: Sí, me duelen las piernas, específicamente la rodilla izquierda. Yo me sorprendí porque alguien en el grupo había tenido dolor en la rodilla izquierda. Y entonces le pregunté: Cuánto te duele del 1 al 10? Me respondió: Un 8. Entonces le dije: Cristo ordenó a sus discípulos sanar enfermos.. y dijo que pusiéramos nuestras manos sobre los enfermos y sanarían. Me dejas poner mi mano sobre ti y orar por ti? Me contestó mientras se acercaba hacia mí: Claro que sí, no le negaría a nadie orar por mí.

Antes de orar por él le pregunté como se llamaba y me dijo Paco, pero yo entendí Marcos.. así que oré: Jesús, gracias por el amor que tienes por Marcos.. oro por su rodilla.. cualquiera que sea la causa de su dolor, ordeno que sea sanada en tu nombre, para que Marcos vea cuán grande amor tienes por él y cuan grande es tu nombre. Entonces le dije: Marcos, haz un movimiento que antes no podías. Me dijo: Me llamo Paco. Le respondí: Paco, perdona, mueve tu rodilla para saber si el dolor se ha ido. Entonces comenzó a reir… su amigo dijo: Esto es de verdad? Y Paco dijo: Sí, me duele bastante menos, un 4. Le dije: Paco, ¿me dejas hacer una oración para darle gracias a Dios y orar otra vez por ti? Me dijo: Claro. Entonces oré una vez más y Paco comenzó a reir y nosotros también. Comenzó a mover la rodilla mientras todos nos reíamos en la cafetería y comenzó a decir: Os estáis riendo porque sabíais que iba a ser sanado verdad? Su amigo estaba flipando.. Paco movía la rodilla sin ningún dolor y nosotros no parábamos de reir de gozo y gratitud. Le explicamos que Cristo no solo había muerto y resucitado para sanar su rodilla sino para reconciliarlo con Dios y sanar su relación con Dios. Le hablamos del pecado y del infierno. Nos dijo que le preocupaba ir al infierno y cuando le preguntamos qué pensaba de alguien inocente que pagara por él, dijo: Sería maravilloso, sería impresionante. Le respondí: Paco, ¿sabes de quién te estoy hablando? Asintió y me dijo: De Jesús. Entonces le hablé del arrepentimiento de pecados y de poner nuestra fe en Cristo. Le dimos nuestros datos de contacto y lo más seguro es que esta semana vaya a visitarlo a su cafetería que está a unos metros de nuestra iglesia. Estaba flotando.. en las nubes de ver el reino de Cristo establecerse en la tierra.

Cuando llegamos a nuestro local para contar los testimonios dos chicos no-creyentes vinieron a nuestro local para saber más, uno de ellos invitado por una chica del grupo y otro que iba caminando frente a nuestro local.. pudimos contarles los testimonios y predicarles el mensaje de la cruz. Además de que otro chico que iba caminando frente a nuestro local entró.. era un jóven venezolano buscando una iglesia.

Estoy sorprendido de todo lo que hace Dios cuando decidimos obedecerle. Servirle me llena de gozo. Vivir para Él es lo mejor que existe. Os animo a vencer el miedo de hablar con las personas, déjate usar por Dios, ora por alguien, háblale a alguien de la esperanza que tenemos en Cristo. Se que las calles de Madrid se llenaran de este mensaje.. veremos la bondad de Dios en esta ciudad.

Crónica: Cómo los discípulos: Aranjuez. Primera parte.

264562_424108557688244_1919882226_nMuchos de vosotros habéis leído las crónicas de los primeros dos viajes que hice con algunos amigos de Madrid. Estos viajes los hicimos “como los discípulos” de Jesús y tener la misma experiencia que vivieron “los doce” (Lucas 9) y “los setenta” (Lucas 10) cuando fueron enviados por Jesús sin dinero, sin comida, sin agua, sin mochila y sin saber dónde dormir.

El destino de nuestro tercer viaje fue Aranjuez, una ciudad famosa por albergar uno de los cuatro Palacios Reales más importantes que existen en España. Este fin de semana ocurrieron muchas cosas por lo que dividiré la crónica en dos partes debido a la longitud de los testimonios. En esta entrada puedes leer la primera parte. Allá vamos!

La noche anterior del viaje le pregunté a Dios qué es lo quería hablarnos sobre este viaje y me encontré con Lucas 12. Te recomiendo que lo leas ya que gracias a ese capítulo mi fe se mantuvo firme en los momentos difíciles del fin de semana. Específicamente los versículos que me marcaron fueron Lucas 12:29-31:

“Vosotros, pues, no busquéis qué habéis de comer, ni qué habéis de beber, y no estéis preocupados. Porque los pueblos del mundo buscan ansiosamente todas estas cosas; pero vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas. Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas.”

Con estas palabras decidimos que no buscaríamos ni nos preocuparíamos por la comida ni bebida, y que nuestra energía únicamente se concentraría en predicar la cruz, orar por enfermos y amar a la gente en el nombre de Jesús. Todo lo demás vendría añadido.

El sábado 18 de mayo del 2013 nos reunimos 18 personas (12 mujeres y 6 hombres) a las 10:00h en nuestro local en Madrid para orar por el viaje y preguntarle al Espíritu Santo qué es lo que quería hacer. Algo que nos llamó la atención es que tres personas tuvieron la visión del nombre de “Manuel” (nombre en clave por respetar la privacidad de las personas involucradas)  mientras orábamos.

-6Llegamos a Aranjuez alrededor de las 12:45h y nos dividimos en 6 equipos (3 personas por equipo). A continuación vas a leer dos historias que vivieron dos equipos y que corresponden a la visión que nos dio el Espíritu Santo sobre el nombre de Manuel (nombre en clave). Están relacionadas así que te animo a que tengas paciencia y leas las dos, es impresionante cómo Dios obra. Cada una de estos testimonios está narrado por miembros del equipo que lo vivieron.

Primera historia: Manuel Andrés (nombre en clave). Parte 1
(Equipo 1: Miguel Ángel, Marisa y Claudia. Testimonio narrado por Marisa)

Por la mañana nuestro equipo se encontró con un hombre de 68 años que se llamaba Manuel Andrés. (nombre en clave que corresponde al nombre que vimos antes de salir de Madrid). Venía dando voces por la calle anunciando un restaurante donde ir a comer porque se le habían terminado las tarjetas que repartía con la información del restaurante. Caminaba apoyándose sobre un bastón y parecía que tenía un problema en la rodilla. Hablamos con él. Le explicamos quienes éramos y qué hacíamos allí, y le preguntamos qué le pasaba a su rodilla. Nos dijo que le habían operado dos veces y que tenía mucho dolor. La primera vez fue porque tuvo un accidente montando en moto con un familiar. Después de aquella operación, una persona con unas copas de más le había empujado y le había tirado al suelo provocando de nuevo la rotura de su rodilla, por lo que tuvieron que operarle de nuevo. Nos dejó orar por él y el dolor se le redujo considerablemente, aunque no se le quitó del todo. Volvimos a orar por segunda vez y nos confirmó que le dolía mucho menos que antes, pero aún le dolía un poco. Le preguntamos si había perdonado al familiar con el que tuvo el accidente en la moto y nos dijo que sí, pero sin embargo, reconoció que tenía mucho rencor hacia la persona que le había empujado y que deseaba que se hiciera justicia y la metieran en la cárcel por lo que había hecho con él. Le hablamos sobre la cruz, el perdón de Dios de nuestros pecados y sobre la necesidad que tenemos de perdonar para ser libres del rencor y de la amargura. Se puso a llorar y nos contó que lo estaba pasando muy mal económicamente. Reconoció que estaba sufriendo mucho, y que le había pedido ayuda económica a un hermano suyo, pero se la había negado.

Confesó que a su hermano lo había perdonado, pero no quería perdonar a la persona que le había empujado causándole la rotura de la rodilla. Volvimos a orar por él porque continuaba llorando, y nos despedimos. Cuando nos íbamos nos siguió y nos volvió a llamar. Nos preguntó dónde íbamos a comer, y le dijimos que no lo sabíamos porque no teníamos dinero. Nos ofreció ir al restaurante para el que trabajaba e invitarnos a comer un menú que él pagaría cuando cobrara por su trabajo. No se lo aceptamos. Le dijimos que él necesitaba ese dinero y que Dios supliría nuestra necesidad de comida. Antes de despedirnos le dimos un abrazo cada uno. Él seguía llorando. Insistimos en que necesitaba perdonar para tener paz, pero no quiso hacerlo.

Me empezó a doler la espalda, por lo que les pedí a Miguel Ángel y a Claudia que orasen por mí. Lo hicieron, pero el dolor continuaba. Como llovía nos refugiamos bajo la techumbre de una zapatería. Pasaron algunas personas por allí pero nadie nos dejó orar por ellos. Hacía frío y estábamos incómodos. Pensamos en buscar una iglesia y meternos allí para entrar en calor. Cuando íbamos a salir de allí vimos que se acercaba el equipo 2:  (Francisco, Wai y Cristina) con un hombre. Nos saludamos y les preguntamos a dónde iban, y nos dijeron que se iban a comer. Nos preguntaron si habíamos comido y les dijimos que no.

Hago un corte en esta historia porque quiero que leas el comienzo de la segunda historia. Hasta el momento donde el equipo 1 y el equipo 2 se encuentran.

Segunda historia: Manuel (nombre en clave por respetar su privacidad). Parte 1
(Equipo 2: Francisco, Wai y Cristina. Testimonio narrado por Wai)

Al llegar a Aranjuez nos dirigimos al centro de la ciudad, buscando una plaza con terrazas y fuente según lo que Dios nos había mostrado. Hablamos primero con un cubano (Miguel) y con una sra. Italiana (Morena) ambos repartiendo publicidad de restaurantes. Les compartimos el evangelio y seguimos nuestro camino.

Al caminar… empezó a llover super fuerte y a granizar. Nos detuvimos abajo de un edificio para refugiarnos. En ese momento habian otras chicas a la derecha, pensamos en hablarles, pero se fueron de ahí. Luego intentamos con otra señora que se habia refugiado ahí tambien pero se marchó antes de que pudieramos acercarnos a ella. Por lo que decidimos orar para que Dios nos guiara… estaba aún granizando y los tres estabamos bajo el mismo paraguas. Entonces se acercó un señor, con publicidad de otro restaurante, y le dijimos que no teníamos dinero. No le dimos detalles de por qué no teníamos dinero… él nos habló cosas de su vida y luego cuando ya se marchaba dijo: Los invito a beber algo… vengan. Esto nos sorprendió… porque no habiamos insinuando o pedido nada!!! Eran alrededor de las 14:45.

Lo seguimos a este señor. Nos daba verguenza que nos regalara algo al principio pero luego entendimos que esto era de Dios y que habia un propósito. Nos llamo hacia dentro del bar, nos dio bebida y unos bocadillos de pan y queso. Él se movía mucho, entraba y salía del bar así que fue dificil hablarle al principio.

En un momento le dijo a Francisco… “Tu eres evangélico”. Hasta ese momento no le habíamos explicado nada de nuestro viaje ni intención… Nos contó que había recibido al Señor hace mucho tiempo pero que ahora estaba muy alejado. Pero que la noche anterior había leído la biblia… y nosotros estábamos impresionados. Entonces Francisco le pregunta… ¿Cual es tu nombre? y el hombre le dice Manuel (nombre en clave que corresponde al nombre que vimos antes de salir de Madrid). En ese momento todo cobró sentido. Manuel seguía moviéndose (conoce a mucha gente del pueblo) y después nos dijo: os voy a invitar a comer.

Nosotros más agradecidos con Dios no podíamos estar… nos estaba mostrando de su fidelidad con estas cosas. Ya estabamos super agradecidos y satisfechos con el bocadillo, pero más que comida esto se iba a tratar de la vida espiritual de Manuel… Dios le estaba llamando por nombre.

Camino a casa de Manuel, nos encontramos con el equipo 1.  Al verles nos preguntaron a dónde íbamos.  Nos dio un poco de miedo que fuésemos muchas personas para comer en casa de Manuel, pero él nos dijo: donde comen 4 comen 7, y en casa tengo a otro más, así que seremos 8.

Primera y segunda historia unidas después de que los equipos se encontraron en la calle y se dirigían a comer en casa de Manuel (Narrada por Marisa y Wai)

Marisa: De camino a casa de Manuel nos preguntó si comíamos de todo a lo que yo respondí que no puedo tomar gluten ni lácteos. Me impresionó la pregunta porque antes de salir de casa yo había pensado que esta restricción alimenticia podía ser un problema en el caso de que nos ofrecieran pan o bocadillos. Por otro lado pensaba que si Dios nos daba pan sería que podía comerlo, aunque médicamente no fuera lo más conveniente. En el fondo sabía que Dios podía darme lo que yo necesitaba y tenía expectativa por ver que sucedía ese día, pero había decidido no pensar demasiado en ello. Si tenía que pasar un día sin comer tampoco me importaba demasiado.  Cuando llegamos al supermercado los chicos acompañaron a Manuel a coger las cosas y las chicas les esperamos  fuera. Cuál fue mi sorpresa cuando salieron con un montón de verduras, ensaladas, arroz, cazón…en fin, todo sin gluten excepto un par de barras de pan. Llegamos a casa de Manuel y mientras algunos se acomodaron en el salón, otros nos ofrecimos a ayudarle en la cocina.

Empezamos a picar las verduras para hacer una paella. Al cabo del rato, me encontré haciendo la paella, y a Manuel ofreciéndome los diferentes ingredientes y diciéndome que pusiera lo que yo quisiera. Apartamos unas berenjenas y algo de pescado para hacerlas a la plancha para mí en una sartén diferente, sin harina. Yo alucinaba mientras cocinaba. Dios nos había preparado una comida espectacular (ensalada, berenjenas, paella, cazón, helado e infusiones), y no solo eso, sino que me había puesto “al mando” de la cocina para asegurar que mi comida no tuviera gluten. Mientras cocinaba en casa de Manuel, me di cuenta de que ya no me dolía la espalda, y no me volvió a doler después.

Wai:  Mientras preparábamos la comida y la mesa le seguíamos hablando de Dios a Manuel… Él nos citaba versículos biblicos y realmente parecia a ratos que  él nos predicaba a nosotros. Nos admitió su problema con el alcohol y las mujeres. Nos mostró los poemas que le ha escrito a Dios, y eran bellisimos! Tambien nos contó que hace 2 semanas había estado orando en el jardín y llorando porque le pedía a Dios que cambiara su vida. Luego oramos por los alimentos y comenzamos a comer.

975928_10151625054757451_1849823293_n962014_10151625054777451_675714907_nMarisa: Seguimos hablando con Manuel durante la comida. Él sacó su biblia y la leímos. Oramos. Con nosotros también estaba Joaquín (nombre en clave), un chico de aproximadamente 30 años al que Manuel alquila una habitación. Compartimos el mensaje de la cruz con Joaquín, que se declaraba ateo.

Manuel se abrió mucho con nosotros. Nos dijo que había pasado por una situación personal muy difícil, que había sufrido mucho, pero que creía que gracias a Dios había podido salir de ella airoso. Nos dijo que una día, habiendo bebido unas copas de más, se había abalanzado sobre un hombre mayor, habían caído al suelo y al hombre se le había roto la rodilla. Todos nos miramos.

Empezamos a atar cabos, y efectivamente, se trataba de Manuel Andrés. Manuel era el hombre que Manuel Andrés no quería perdonar. Manuel nos contó que Manuel Andrés le había provocado, y al llevar unas copas de más actuó violentamente sobre él. Lo pasó muy mal porque su intención no había sido causarle tanto mal. Le había ido a visitar casi todos los días durante los meses que estuvo en el hospital. Manuel Andrés le había denunciado, pero el juicio salió favorable para Manuel.

Manuel le había ofrecido dinero a Manuel Andrés como compensación, pero Manuel Andrés no lo había aceptado, quería más.

Pasamos en su casa más de cinco horas mientras fuera llovía y granizaba. Manuel se preguntaba por qué había vuelto a salir a relucir el incidente con Manuel Andrés, y si Dios quería algo con ello. Volvimos a orar, a entregar la situación en manos del Señor y a pedirle fortaleza para que Manuel pudiera volver a él y dejar todo lo que le ata. Le dejamos uno de nuestros teléfonos y nos despedimos de él.

Esta historia me fascina. El amor que Dios tiene por las personas es increíble. Dios nos conoce por nombre y él desea sanar nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Aún sigo meditando en la historia de Manuel y Manuel Andrés y la manera en la que Dios hila todo. Él tiene un plan mucho más alto que el nuestro y anhela usarnos para restaurar vidas de otros.

No te pierdas la segunda parte de la crónica. Podrás leer más testimonios de lo que Dios hizo el resto del fin de semana.