¿Quién enseñó a la iglesia a quedarse dentro de un edificio?

La semana pasada escribí sobre lo que Dios hizo en Ignition (el grupo de jóvenes de Amistad Cristiana Madrid). Hoy volvimos a salir a la calle y una vez más vimos la mano de Dios de una manera sobrenatural. Estuvimos leyendo versículos de los milagros que Jesús hizo y luego versículos del libro de los Hechos donde hablaban de milagros y maravillas que experimentaban los apóstoles. Si la Biblia lo dice entonces nosotros lo creemos, no nos conformamos con otra cosa, no pondremos en duda lo que Dios hizo y lo que Él quiere seguir haciendo a través de su iglesia en el siglo XXI.

Antes de salir a la calle dedicamos 3 minutos a escuchar lo que Dios nos decía y esta fue la lista: corazón rosa, serpientes, dolor de pie, persona con mucho sudor, hormigas, vista cansada, persona descalza, auriculares (cascos, audífonos), pinceles, lobezno (wolverine)..

La lista por si misma parece no tener sentido, y nosotros tampoco sabíamos qué es lo que Dios nos estaba diciendo, pero comenzamos a partir de ahí. Empezamos a caminar y a las dos calles encontramos una tienda donde había hormigas, reptiles y serpientes! Entonces supimos que Dios quería que nos detuvieramos ahí. Justo delante de la tienda de animales había un hombre sentado con unos auriculares gigantes. Comenzamos a hablarle y le contamos la historia de por qué nos habíamos detenido, entonces comenzó a llorar y nos dijo que estaba desesperado y necesitaba un milagro de Dios. Oramos por él y nos dio su tarjeta de contacto para que lo llamáramos en la semana.

Al seguir caminando nos encontramos con una tienda de arte donde había pinceles, justo junto a la tienda había una dulcería con un corazón rosa gigante y en frente una tienda que decía “visión óptica”, ahí entendimos lo de “vista cansada”. En ese momento pasó una mujer que caminaba con dificultad. Le preguntamos si le dolía el pie y nos dijo que sí. Le pedimos permiso de orar por ella y estaba verdaderamente asombrada y al mismo tiempo feliz de que oraramos por ella. El dolor descendió en una escala del 1 al 10 (siendo 10 el máximo dolor) a un 3. Un hombre que estaba escuchando comenzó a gritarnos y a decirnos que nos fueramos y que dejaramos en paz a esta mujer, que eramos mentirosos y que todo era algo mental. La mujer se puso muy nerviosa y se fue. Todos estabamos enfadados con este hombre por apagar la fe de la mujer, pero en ese momento decidimos perdonarlo y bendecirlo ya que no queríamos que hubiera nada en nuestro corazón que impidiera el gobierno de Cristo venir al barrio.

Una calle más adelante nos encontramos con una chica corriendo, llena de sudor. Le preguntamos si le dolía algo y nos dijo que los tobillos le dolían. Al orar por ella el dolor se le fue. ¡Sorprendente! Me encantaría narrar testimonio por testimonio, pero solo quiero decirles que tuvimos 3 encuentros divinos más.

Terminamos predicando encima de la caja roja en la glorieta de Quevedo y al menos unas 20 personas se detuvieron a escuchar.

La gran pregunta es: ¿quién enseñó a la iglesia a quedarse dentro de un edificio? Cosas maravillosas ocurren cuando salimos a ser luz en las tinieblas y cuando caminamos con denuedo, con la fe de un niño, creyendo que lo que Cristo enseñó es cierto. No nos conformamos con nada menos porque tenemos un Dios muuuuuy grande y que ama tanto, tantísimo, a las personas.

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